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miércoles, 15 de septiembre de 2010

Los festejos, a reflexión: Muchas soldaderas terminaron “en la miseria” y el olvido: Ilse Mayté Murillo

  • Nunca recibieron pensión por sus servicios a la lucha armada, dijo la investigadora
  • “El reconocimiento del pueblo a las adelitas de la Revolución siempre estuvo presente”


La participación de la mujeres en la gesta de 1910 fue amplia y variada, pues lo mismo fueron revolucionarias que enfermeras, sexoservidoras o periodistas, se apunta en el libro Luces sobre México: catálogo selectivo de la Fototeca Nacional, de Rosa Casanova y Adriana Konzevik, coeditado por RM-INAH. Esta imagen de soldaderas ca. 1913, de autor no identificado e incluida el volumen, fue tomada en la estación ferroviaria de Buenavista.


Mónica Mateos-Vega
Periódico La Jornada
Martes 14 de septiembre de 2010, p. 5

 ¿Quiénes eran esos “monstruos” que durante la Revolución Mexicana e incluso en otras revueltas sociales iban detrás de los hombres, de forma “excesivamente desvergonzada”, usando “un lenguaje soez” y “adaptadas a todas las miserias humanas, principalmente a los abusos de autoridad”?
Eran ni más ni menos que las soldaderas, mujeres que rompieron los esquemas tradicionales, descritas por los sociólogos de principios de siglo XX como “analfabetas al rape, aunque conocen gran parte de la República, saben guisar, coser mal y lavan la ropa del marido, pero no planchan”.
Pasionales e inquebrantables, las también llamadas adelitas fueron una pieza fundamental en la lucha armada que se inició en 1910, explicó la investigadora Ilse Mayté Murillo Tenorio durante su participación en el congreso Historia crítica frente a la historia reverencial: el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución, que se realiza desde la semana pasada en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).
“El sociólogo Julio Guerrrero decía de las soldaderas que su credo moral no constaba más que de dos preceptos: fidelidad absoluta y abnegación incondicional por el marido o amasio y acatamiento en segundo grado al batallón o regimiento”, añadió Murillo.
Detalló que también hubo mujeres en las tropas de los ejércitos conservador y liberal en el siglo XVIII, así como en la guerra de Texas (1848) y durante la Intervención francesa (1862-1867).
“Heriberto Frías, autor de la novela Tomóchic, si bien resaltó el valor de las soldaderas ante las atrocidades, opinaba que su presencia en las guerras era un estorbo y un obstáculo; insistía en que el campo de batalla no era un lugar apropiado para ellas; decía que su imagen era deplorable: ‘era común verlas en los barrios próximos a los cuarteles bebiendo chínguere, alborotando a grito abierto en las afueras de las pulquerías o desgreñándose’. No hay nada más horrible y repugnante que las soldaderas’.
“A las soldaderas que participaron en la Revolución Mexicana también las llamaron: adelitas, guerreras, juanas, cucarachas, vivanderas, pelonas, galletas de capitán, chimiscoleras, argüenderas, güachas, busconas.
“Generalmente provenían de los estratos más bajos de la sociedad: indígenas o mestizas, esposas, hermanas, novias, algunas se unían a la tropa por convicción, o por sus ideales, o porque no podía ser más miserable dentro que la que ya vivían; muchas simplemente fueron arrastradas por la leva.
“Cuidaban a los hijos, confortaban sexualmente a sus hombres, eran esposas, compañeras, cómplices, madres, víctimas, espías, cocineras, correos, contrabandistas de armas, cargaban el armamento y equipo de los soldados, iban en busca de agua y alimentos, proporcionaban asistencia médica, acondicionaban los campamentos, Incluso, después de las batallas acostumbraban recorrer el lugar del combate para buscar lo que se pudiera reutilizar, como ropa, armas o dinero.
“Levantaban a los heridos y a sus muertos, llegaban a robar si era necesario, intercambiaban municiones por alimento. La vida de las mujeres en las tropas la vivían en las calles y en el campo, de un lugar a otro, caminando (si había pocos caballos se destinaban a los hombres) o en el ferrocarril.
“Cargaban con los metates, con artículos religiosos, ollas, ropa, mascotas, gallinas, leña y traían hasta tres niños cada una. El matrimonio era una práctica casi nula, vivían en el amasiato. Algunas soldaderas que se quedaban solas, en lugar de unirse a otro hombre, se adherían a lideresas poderosas y formaban sus propios grupos rebeldes, como fue el caso de Margarita Neri en Guerrero, Rosa Bobadilla en Morelos o Juana Ramona viuda de Flores, alias La Tigresa, en Sinaloa, entre otras.”

Labor desdeñada

La investigadora apunta que, si bien en las tropas muchas veces no se tomó en cuenta la labor de las soldaderas, “el reconocimiento del pueblo siempre estuvo presente”, como el caso de Carmen Vélez, perteneciente al Ejército del Sur, quien logró arrancar ¡vivas! a los pasajeros de un tren cuando la vieron cabalgar triunfante con su tropa.
Al concluir la revuelta, la mayoría de estas mujeres “terminaron por vivir en los barrios pobres de la ciudad, en la miseria; su trabajo como soldadera nunca fue reconocido y muchas nunca recibieron ninguna pensión por sus servicios a la Revolución”, concluyó Ilse Mayté Murillo.



jueves, 9 de septiembre de 2010

Derechos animales

MUY INTERESANTE

Usamos animales para alimentarnos, abrigarnos e investigar; también como compañeros, e incluso como divertimento. ¿Pero deben tener derechos o podemos manejarlos a nuestro antojo? ¿Tratamos a los animales como es debido?.
En 2004 el periodista Friedrich Mülln filmó con cámara oculta lo que sucedía en el mayor centro de investigación con primates de Europa, situado en Münster (Alemania) y propiedad de Covance, multinacional dedicada al desarrollo de medicamentos y servicios de pruebas con animales. Las imágenes mostraban cómo el personal trasladaba a los monos con rudeza, les gritaban y hacían bailar bajo una atronadora música pop, además de tenerlos aislados en jaulas diminutas sin luz natural ni cuidado alguno. La primatóloga Jane Goodall calificó sus condiciones de horrendas: “Un mono solo en una jaula, sin poder hacer nada, se volverá loco por aburrimiento y tristeza”.
¿Es lícito utilizar animales en la investigación científica? Ciertamente, la experimentación con ellos ha sido clave en el progreso de la medicina. Louis Pasteur no hubiera podido demostrar en 1881 la controvertida teoría de los gérmenes si no hubiera inoculado ántrax a 50 ovejas y vacunado únicamente a la mitad del rebaño. El aislamiento de la insulina en los perros en 1922 revolucionó el tratamiento de la diabetes y en el desarrollo de la vacuna contra la polio murieron 100.000 monos –por cada uno sacrificado se obtuvieron 65 dosis–. Más recientemente, la toxicidad y la eficacia de los medicamentos contra el sida han sido probados en macacos, al igual que los mecanismos de transmisión de la enfermedad de madres embarazadas infectadas a los fetos, que han servido para determinar el tratamiento antiviral para mujeres en estado.
Ahora bien, ¿dónde está el límite? ¿Aceptamos el “vale todo” con la excusa del progreso científico? En los años 70, el psicólogo de la Universidad de Wisconsin-Madison Harry Harlow utilizó bebés de macacos rhesus para provocarles depresión clínica. Durante seis semanas los dejaba en una jaula vertical de paredes resbaladizas, bautizada por el propio Harlow como el “agujero de la desesperación”, ya que a los pocos días los pobres macaquitos se acurrucaban quietos en una esquina. Al ser liberados, mostraban inadaptación social y un comportamiento violento; la mayoría no se recuperaba jamás.
 
¿Hasta qué punto el fin justifica los medios?


Tests de este estilo se realizaron con profusión entre 1940 y 1960, sobre todo en el Yerkes National Primate Research Center, en Atlanta (EE UU), uno de los centros de investigación más importantes del mundo. La crudeza de sus estudios de privación es palmaria. Por ejemplo, mantenían durante tres años a chimpancés recién nacidos en un ambiente de total oscuridad y a otros les colocaban fundas en pies y manos para inmovilizarlos durante dos años. ¿Era necesaria tanta crueldad para demostrar algo tan evidente como que si a un animal social se le priva de compañía, aparecerán comportamientos patológicos?
En 2003 la CNN hacía públicos los experimentos del neurocirujano E. Sander Connolly, de la Universidad de Columbia, que simulaba ataques cerebrales en babuinos quitándoles los globos oculares, para poder así pinzar una arteria en su cerebro. Luego, les aplicaba un medicamento neuroprotector y los mantenía vivos varios días en un estado terrorífico. Connolly justificaba esta barbarie, porque “podía obtener resultados relevantes”. Es la versión científica de “el fin justifica los medios”.
Otro ejemplo es el del cardiólogo de la Universidad de Columbia y showman televisivo Mehmet Oz, defensor de peculiares prácticas pseudomédicas como las llamadas terapias energéticas, que defienden la existencia de una energía vital que anima los seres vivos. En una ocasión mantuvo a un perro durante 29 días con el pecho abierto y sometido a una ablación por radiofrecuencia, que consiste en la extirpación de parte del sistema de conducción eléctrica del corazón –una técnica utilizada para tratar arritmias–. Tras sufrir parálisis y un dolor intenso en las patas traseras y al orinar, fue eutanasiado, según aparece en el registro, al día siguiente de que Oz anotara que el can estaba “animado, atento y receptivo”. La organización PETA (Personas por la Ética en el Trato de los Animales) habla en su web de los “perros atormentados en los crueles experimentos del Dr. Oz”.
Los estudios toxicológicos son los que más bichos se llevan por delante. Después de la tragedia de 1937, cuando un elixir de sulfanilamida elaborado a partir del dietilenglicol mató a 105 personas en EE UU, el congreso norteamericano aprobó leyes que implicaban pruebas de seguridad con animales antes de poder poner los fármacos en circulación. En la década de los 60, tras el desastre de la talidomida –un medicamento para combatir los vómitos en mujeres embarazadas que provocó deformidades en los fetos–, la ley se amplió a la realización de pruebas con hembras preñadas.
Pero lo que resulta insostenible es que la industria cosmética experimente con animales y les condene a morir por nuestro puro narcisismo. Por ello el 11 de marzo de 2009 la Unión Europea prohibió las pruebas de este tipo para la fabricación de artículos de belleza, dirigidas a determinar el daño de sus ingredientes en los ojos y la piel, y su toxicidad global. Los productos normalmente se someten al test de Draize, que se realiza con conejos. A estos se les aplica el cosmético sobre una zona depilada donde se pega cinta adhesiva, que se estira con fuerza varias veces hasta eliminar varias capas de piel. Después se tapa con un plástico y se observan los efectos. También se aplican en los ojos durante varios días y se registran los daños en el tejido ocular –inflamación del iris, ulceración, sangrado, ceguera– mientras el conejo está inmovilizado en una jaula con la cabeza fuera y los párpados abiertos con unos clips. Muchos se rompen el cuello intentando escapar.
En verdad, resulta absurdo usar ejemplares de esta especie como modelo para estudiar el daño ocular en humanos, pues su fisiología es totalmente distinta de la nuestra. La única razón es que los conejos son baratos, con ojos grandes y fáciles de manejar. En 1986, tres investigadores de Procter and Gamble, en Cincinnati, compararon en su investigación titulada Cutaneous and ocular toxicology las lesiones oculares causadas por la exposición accidental a 14 productos domésticos en 281 personas con los resultados obtenidos en tests de Draize. Resultado: la severidad de la respuesta del ojo del conejo ante un tóxico no sirve para predecir sus efectos en nuestro globo ocular.


Cada año se experimenta con 100 millones de vertebrados

Calcular el número de animales sacrificados es complicado. Según la British Union for the Abolition of Vivisection y el Nuffield Council on Bioethics, cada año se experimenta con 100 millones de vertebrados en todo el mundo –10 millones en la UE–. En esta cifra no se incluyen los animales criados para investigación que luego son descartados ni aquellos destinados a la cría de nuevos especímenes. Tampoco recoge los invertebrados porque, salvo algunas especies de cefalópodos, no están sujetos a ninguna ley: se puede matar tantas moscas como se quiera.
Dentro de los vertebrados, los mamíferos son los más utilizados y, entre ellos, los que más controversia suscitan son los primates no humanos. Los chimpancés, por ejemplo, hacen de cobayas durante toda su vida. Algunos son tan veteranos como la hembra Wenka, nacida en un laboratorio de Florida el 21 de mayo de 1954 y arrancada de los cuidados de su madre para ser sometida a un estudio sobre la visión que duró año y medio; luego fue vendida como mascota a una familia. En 1957, cuando se hizo demasiado grande para tenerla en casa, la devolvieron al Centro Yerkes, que hizo uso continuado de ella. Ha parido seis criaturas. La mayor, la hembra Jama, tiene el dudoso honor de ser el primer chimpancé nacido con síndrome de Down. Durante su madurez Wenka ha participado en estudios sobre el alcohol, los anticonceptivos orales, el envejecimiento y la cognición. Salvo los escasos ratos que la dejan salir a un patio de cemento, ha pasado sus casi 56 años de vida en una jaula.
En la actualidad existe una moratoria sobre la cría de chimpancés, porque en 1986 se descubrió que los macacos eran mejores modelos para el estudio del sida, entre otras enfermedades. Pero la publicación de su genoma completo en 2005 ha recuperado el interés por los chimpas, y son numerosas las peticiones para levantar la prohibición.
Sin embargo hay muchas voces disidentes, como el primatólogo de la Universidad de California en San Diego Pascal Gagneux, que cree que “deberíamos seguir las mismas directrices éticas que usamos con las personas incapacitadas para dar su consentimiento”, y que nuestras similitudes con los chimpancés van más allá del 99% del genoma que compartimos. Primatólogos como Jane Goodall han revelado no sólo su comportamiento inteligente, capaz de desarrollar tecnología rudimentaria, o su habilidad lingüística, sino que poseen una vida social y familiar parecida a la nuestra. Goodall los llama individuos, y los chimpancés la tratan como si fuera un miembro del clan.
En el otro extremo se encuentra el neurocientífico Stuart Zola, director del mencionado centro Yerkes: “No creo que debamos hacer distinciones a la hora de tratar humanitariamente a ninguna especie, sean ratas o monos. Por más que lo pretendamos, los chimpancés no son humanos”. El psicólogo británico Richard D. Ryder bautizó ese punto de vista como especismo, un neologismo “para describir la extendida discriminación que practica el ser humano contra otras especies”.
 
Distinciones entre especies
 
El especismo ha sido criticado por los defensores de los derechos de los animales, con el filósofo de la Universidad de Princeton Peter Singer al frente, quien afirma que es moralmente equivocado considerar como objetos o propiedad a seres capaces de sentir. Para Tom Regan, filósofo de la Universidad de Carolina del Norte, todas las criaturas tienen derechos inherentes,y no podemos asignarles un valor moral inferior simplemente por carecer de racionalidad. El zoólogo Richard Dawkins conecta el especismo con la teoría de la evolución: “Nuestros sistemas legales y morales están muy ligados a la especie. El aborto de un solo cigoto humano puede originar más indignación que la vivisección de varios chimpancés inteligentes adultos. La única razón por la que podemos sentirnos a gusto con este doble rasero es que los estadios intermedios entre el hombre y el chimpancé están muertos”.

El debate es eminentemente filosófico. Carl Cohen, de la Universidad de Michigan, se considera especista: “Aquellos que no hacen moralmente relevante las distinciones entre especies casi con seguridad van a entender mal sus verdaderas obligaciones”. La filósofa finlandesa Camilla Kronqvist simpatiza con Singer, pero no acepta sus argumentos: “Decir que nuestra moralidad descansa en atender el placer y dolor de alguien también es una descripción bastante grosera de lo que es un ser moral”. La clave está en definir cuál es la característica relevante que hace que una criatura tenga derechos. Para quienes creen que la respuesta es la racionalidad, sólo los humanos cumplen la condición como únicos seres capaces de dar valor a las cosas.

Los defensores de los derechos animales contraatacan con el llamado principio de los casos marginales: si la racionalidad y la responsabilidad ante las acciones son el motivo de formar parte de la comunidad moral, ¿por qué incluimos en ésta a aquellos humanos que carecen de esas características, como los bebés o ciertos disminuidos psíquicos? A estos casos marginales les otorgamos derechos simplemente por pertenecer a nuestra especie.
Los dominicos Benedict Ashley y Albert Moraczewski, estudiosos de los aspectos morales de la ciencia y la biomedicina, replican que un feto o un discapacitado tienen derechos porque se originan necesariamente a partir de seres humanos y al desarrollarse se convertirán en personas y no en otra cosa. En esta línea razona el filósofo Tibor Marchan, de la Auburn University, en Alabama: aunque una silla tenga alguna pata rota no por ello deja de ser una silla. Los casos marginales, por ser humanos, siguen teniendo derechos. Dicho de otro modo, el valor moral se define por la pertenencia a un grupo, no por lo que un individuo en concreto es. Para los defensores de los animales es obvio que si es inmoral juzgar el valor de un individuo atendiendo a su raza resulta igual de inmoral hacerlo atendiendo a su especie. Los movimientos de liberación de los animales buscan abolir las leyes de protección, pues están basadas en el sentido de la propiedad.
Un chimpancé es un ser sensible con derechos propios y no un objeto o propiedad, opina Singer. Es aquí donde se engarza el polémico Proyecto Gran Simio promovido por este filósofo. Pretende que la ONU acepte que chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes sean incluidos en una comunidad de iguales con nosotros; y que extienda a estas especies la protección de tres intereses básicos: el derecho al la vida, la libertad individual y la prohibición de la tortura. El gobierno español ha sido el primero en aprobar una propuesta en este sentido.
Claro que algunos exageran en la defensa de la fauna. Igual que en las películas de Walt Disney se humaniza a los animales, un activista como Mark Hawthorne llegó a escribir en estos términos: “Un día entró una vaca en el jardín y se puso a pastar. Nunca había estado tan cerca de una, era tan sensible. Pude ver su inteligencia y deseo de vivir”. Estos sentimientos afloran sobre todo cuando se trata de especies que recuerdan el aspecto –y la mirada– del bebé humano. Es el llamado efecto Bambi, que induce cálidos pensamientos hacia criaturas con pelo y pluma –nunca hacia las viscosos o con escamas–. Protestamos por la muerte de un cordero, pero no por la de un sapo. Este sesgo es evidente en Tom Regan, que siempre se refiere a bebés foca, perros, gatos... Así, el especismo combatido por los movimientos de liberación animal se convierte en un clasismo, pues todas sus referencias se centran en la clase taxonómica de los mamíferos, dejando a las aves en un punto intermedio. Nada o poco dicen de reptiles, anfibios y todos los invertebrados.


Los derechos de los invertebrados


¿Las arañas o las moscas no tienen derechos? Estos quedan reservados a los animales sensibles que experimentan daño, como dicen Singer y otros. ¿Los invertebrados no sufren dolor? Hay poca investigación al respecto. En un artículo de 1980, el entomólogo británico Vincent Wigglesworth aportó ejemplos de bichos que no respondían a estímulos que con certeza provocarían dolor en los humanos. Sin embargo, según un equipo de entomólogos de la Universidad de Queensland, en Australia, esos ensayos no demuestran que no sufran sino que, si existe un sentido del daño, este no tiene ninguna influencia adaptativa en el comportamiento, como sería el de proteger una zona lesionada hasta su recuperación: “No es posible proporcionar una respuesta concluyente al problema del dolor en animales inferiores”, dicen. Experimentos recientes parecen apuntar que seres como la larva de la mosca Drosophila melanogaster no son insensibles. En 2003 W. Daniel Tracey, del Duke Institute for Brain Sciences, probó que si se le acerca una aguja calentada a más de 42 ºC, la larva rodará alejándose del calor. Ese mismo año, investigadores del Instituto Tecnológico de California identificaron en una Drosophila mutante el gen que anula el dolor, pues el díptero no respondía a estímulos nocivos.
Debemos ser prudentes a la hora de atribuir a estas criaturas el mismo valor que le damos los vertebrados a la sensación de daño o de concluir que no sienten dolor sólo porque no reaccionan ante él como nosotros. Ningún insecto deja de comer o de reproducirse en caso de heridas abdominales; de hecho, siguen con su actividad normal aunque hayan perdido algún miembro. “Es presuntuoso suponer que lo que es cierto para nosotros debe ser verdad para otras especies”, afirman los entomólogos neozelandeses R. P. McFarlane y R. P. Griffi. Tendríamos que replantearnos “la extendida creencia de que un insecto es demasiado pequeño y su sistema nervioso central tan diferente que lo hace incapaz de tener pensamiento consciente, planear acciones o sentir”. ¿Quizá debemos aceptar que son distintos y esperar a más datos? Y si los animales sensibles tienen derechos, ¿habrá que prohibir los insecticidas?

domingo, 29 de agosto de 2010

Juega y haz ciencia... a la vez

Muy Interesante


Científicos de la Universidad de Washington han lanzado un juego llamado Foldit, similar al Tetris, que permite a cualquier persona, desde cualquier ordenador del mundo, contribuir al avance de la biología molecular mientras pasa un rato divertido.
Según publica hoy la revista Nature, los resultados obtenidos hasta ahora demuestran que la inteligencia colectiva de un grupo de personas jugando en red puede superar a las supercomputadoras a la hora de resolver problemas que requieren riesgo y visión a largo plazo.
El funcionamiento de Foldit es relativamente simple: cada jugador pone a su ordenador a disposición de los científicos (computación distribuida) para calcular cómo se pliega una proteína tres dimensiones, uno de los grandes quebraderos de cabeza actuales para los biólogos. En el juego, los participantes colaboran y desarrollan estrategias mientras manipulan proteínas simplicadas como si se tratara de un puzzle.
El mayor reto, según ha explicado Seth Cooper, uno de sus creadores, fue conseguir que el juego fuera divertido a la vez que producía resultados científicos interesantes. Pero los más de 50.000 jugadores, de todas las edades y rincones del mundo, que han probado ya Foldit demuestran que ese equilibrio se ha conseguido. “Cogemos el 'empeño' que pone la gente en los juegos y lo convertimos en algo productivo y útil para la humanidad, combinando el poder de los ordenadores y el poder del cerebro humano”, explica Cooper. “Es posible que estos jugadores diseñen algún día las proteínas para combatir el cáncer, bloquear al virus de la gripe o acabar definitivamente con el virus del sida”, aventuran los autores.

Aquí una imagen del juego Foldit (Pliégalo):



Foldit, click aquí

lunes, 23 de agosto de 2010

Psiquiatras analizan los traumas de los superhéroes

domingo 22 de agosto, 11:08 AM
Por: José Puga

Imagine: un día compra un disfraz y un rifle con municiones. Luego decide entrar con mucho estilo por la puerta de un banco y asaltarlo a tiros, por puro antojo y flanqueado por sus secuaces. O, más bien, decide adquirir por Internet un atuendo algo extravagante (infaltable la capa) y, una noche, sale a barrer con delincuentes y violadores a diestra y siniestra aunque arriesgue su propio pellejo. Si decidiera ser el primero, sería un villano, si no, un héroe. En ambos casos, ¿no estaría algo mal del cerebro?
Es obvio que para llevar a cabo mejor su tarea de paladín de la justicia o de paria de la sociedad necesitaría un anillo mágico o la fuerza de mil hombres, o bien varios millones para comprar la tecnología más avanzada. Pero dejando los superpoderes de lado, las motivaciones que conducen al altruismo suicida o a la ambición más asesina son, como resulta obvio, puramente humanas.

Esta es justamente la labor de los psiquiatras de Broadcast Thought, institución estadounidense dedicada a analizar el perfil psicológico de los héroes y villanos del cómic. "Convertirse en uno u otro está relacionado con el crecimiento después del trauma sufrido. Luego de enfrentarse a una experiencia negativa, pueden encontrar un nuevo significado y cambiar el camino de su vida", comentó el Dr. Praveen K. Kambam en una conferencia en el pasado Comic-Con.

Solo cabe recordar el origen del Guasón detallado al milímetro en el cómic “The Killing Joke” (1988): antes de caer a un pozo de químicos (lo que lo dotó de ese "look" "freak" y psicodélico), tuvo que enfrentar la repentina muerte de su esposa embarazada y cargar con la culpa de ser un comediante fracasado. En tanto, su némesis, Batman, fue un niño traumatizado antes de convertirse en el hombre murciélago. Bruce Wayne presenció el asesinato de sus padres, algo que lo marcó de por vida. No olvidar a Tony Stark, quien antes de convertirse en Iron Man fue secuestrado.
"Se trata de entender qué significado tiene todo esto en la narrativa de su vida. Sin duda, quien tiene todas estas características es Iron Man. Invierte su energía en construir un traje más moderno y completo, tiene un autoestima saludable", agrega Kambam.
Otro ejemplo que cita el especialista es el de Bruce Banner, más conocido como el Increíble Hulk. En la serie de televisión de 1977, Banner, un brillante ingeniero físico, pierde a su esposa Laura en un accidente automovilístico. "Tiene un sentimiento de culpa terrible pero cree en sus propias habilidades e invierte su energía en investigar lo que pasó durante el accidente. Ve la relación entre los rayos gamma y la fuerza sobrehumana. Copa con el problema de manera adulta", comenta Kambam.

Pero no todos tienen suficiente inteligencia emocional. Solo basta hurgar en la larga nómina de adláteres. Ahí encontramos a Jason Todd, más conocido en el universo de los tebeos como Robin. Rescatado de la delincuencia por Batman (quien lo conoció por primera vez mientras intentaba robar las llantas de su Batimóvil), Robin queda marcado para siempre luego de ser asesinado sin piedad por el Guasón. Tal como lo relata el cómic "Batman: A Death in the Family" (1988), cuando resucita, Robin culpa directamente a Batman de no haberlo podido salvar.

"Lo acusó de no ser un héroe lo suficientemente eficiente. Por eso Jason cruza la línea ética de Batman y toma la justicia en sus manos. Es ahí que revive a Red Hood", cuenta el Dr. Eric Bender, quien añade un dato más que interesante: la importancia de la figura paternal en la vida de estos personajes.

"Al rechazar a Batman, Robin pierde su figura paternal. Cabe recordar además que su papá era un ladrón, era empleado de Dos Caras, y su madre desapareció. Tiene un claro sentimiento de inseguridad que denota rechazo o ausencia", agrega Bender. "Robin jamás pudo quitarse de encima el sentimiento de venganza ?añade Bender? Además desobedecía las órdenes de Batman buscando villanos por su propia cuenta. La pregunta clave es ¿Robin estaba destinado a convertirse en villano?".



PURA ANSIEDAD


Los doctores de DEPT ). Caracterizado por frecuentes pesadillas, "flashbacks" y un sentimiento de enajenación con los otros, este mal mental lleva a no poder controlar las emociones, a perder la paciencia e ir directo a la violencia.

"Wolverine no cumple con estos requisitos, pero tiene muchos de estos síntomas. Tiene mucha irritabilidad. Algo interesante es que tiene un olfato muy sensible que no queda claro si es por su talento o por un estado de ansiedad generalizado", explica Kambam.
Otro caso es el de El Castigador ("The Punisher"), quien en su adaptación al cine del 2004, luego de perder a su familia, se encierra en su apartamento con una pistola. Luego del trágico suceso, evita el contacto social a niveles paranoides. "La denominada "Culpa del sobreviviente" es muy común en veteranos de guerra y superhéroes. En la vida real a veces quienes tienen DEPT abusan de drogas y se meten en situaciones de alto riesgo", aclara Kambam. Si el mundo admira a estos sujetos, ¿no deberíamos acompañar al Guasón y a otros en el psiquiátrico de Arkham? Algo de locura padecemos.



EL GUASÓN


El Guasón es considerado por muchos como el villano más desquiciado. ¿acaso una buena dosis de antidepresivos y ansiolíticos calmarían su enfermedad? "Su comportamiento es psicopático y está más acentuado en la personalidad del individuo. por eso, es difícil erradicarlo. En este caso se tiende a aislar al individuo del resto de la sociedad. El medicamento puede frenar una psicosis, pero al Guasón no", explica el dr. Praveen K. Kambam.

Atrévete a salir de tus cuatro paredes - La Caja

¿Cuáles son realmente los límites de nuestro mundo? ¿Hasta dónde podemos llegar?



La Caja


sábado, 21 de agosto de 2010

14 GIGApíxeles. Las fotos más grandes del mundo - Museo del Prado

¿Te parecen muchos los 24 megapíxeles de las últimas cámaras reflex del mercado? ¿Quizás piensas que los 60 megapíxeles de algún respaldo digital es una barbaridad? Pues espera a ver las imágenes gigapíxel que ha presentado Google en el Museo del Prado de Madrid.

Nada menos que 14 gigapíxeles es la más grande de las imágenes que se han hecho. Se trata de fotografías de las 14 pinturas más representativas del museo, pero no es cualquier fotografía. Del trabajo se ha encargado la empresa MadPixel, que ha dividido cada cuadro en una cuadrícula y ha fotografiado sector a sector para después unirlas como si de una panorámica se tratara.

Pero una panorámica que, en el caso de El Jardín de las delicias, de El Bosco consta de nada menos que 1.653 fotografías encadenadas, según contaba en la presentación Clara Rivera, la coordinadora del proyecto y autora de la idea, para crear una imagen compuesta de 156.547 x 89.116 píxeles, lo que hacen un total de casi 14 gigapíxeles.

El trabajo ha sido meticuloso, aprovechando las noches de ocho meses para hacer más de 8.000 fotos a las 14 obras. Para ello se han empleado robots automatizados para hacer el desplazamiento exacto de la cámara en cada nueva foto, asegurando así que después coincidirán perfectamente y se respetarán las proporciones.

Las fotos se integran después en Google Earth, utilizando su tecnología para cargar versiones de mayor resolución según nos vamos acercando, pudiendo llegar a apreciar detalles del cuadro que hasta estando delante de el nos pasarían desapercibidos.



Para verlas tienes varias opciones:


Instala Google Earth, activa la capa de edificios en 3D y busca el Museo del Prado. Al pinchar sobre el tendrás la opción de ver las 14 imágenes en superalta resolución en pantalla completa.

Utiliza Google Maps cargando un módulo especial para ver las fotos mediante el siguiente enlace: Museo del Prado en Google Maps. De este modo de momento sólo está disponible El Jardín de las delicias y en una pequeña ventana.

Y si quieres hacerte una idea del trabajo de MadPixel en el museo, no te pierdas este vídeo del Making Off.

viernes, 20 de agosto de 2010

Presentan la biblioteca digital que contiene 70 impresos mexicanos del siglo XVI

PAULA CARRIZOSA



Miembros de diversas instituciones tanto de México como de Estados Unidos, encabezados por Manuel de Santiago Hernández, director de la Biblioteca José María Lafragua, presentaron el proyecto Los primeros libros de las Américas. Impresos mexicanos del siglo XVI en las bibliotecas del mundo, el cual incluyó la digitalización de aproximadamente 70 textos que estarán albergados en la página electrónica www.primeroslibros.org.

En el sitio web anunciado se podrán consultar las miles de páginas digitalizadas que provienen de materiales originales que son resguardados por las bibliotecas públicas estadounidenses, como la Texas A&M University y la Universidad de Texas y Austin, además de los acervos que se protegen en las universidades Autónoma de Puebla y de las Américas, y de instituciones gubernamentales, como la Biblioteca Palafoxiana, que pertenece a la Secretaría de Cultura.

“La reunión de una biblioteca digital es el resultado de la cooperación de instituciones y personas que han contribuido en la realización de un proyecto que tiene el objetivo de presentar y extender su propuesta a otras partes del mundo”, expresó Manuel de Santiago, y explicó que si bien fueron las universidades texanas las que lo impulsaron, fueron las bibliotecas de Puebla –la Franciscana, la Palafoxiana y Lafragua–, las que ayudaron a concretar el proyecto.

Con la colaboración de la Corporación Universitaria para el Desarrollo de Internet II (CUDI), la cual es dirigida por Carlos Casasús López Hermosa, se pudo adquirir el “software libre”, es decir, la base tecnológica sobre la cual se podía administrar, desarrollar y visualizar el proyecto, y que en este caso fue proporcionado por la Universidad de las Américas Puebla.

El motivo gráfico que se utilizó es una letra p capitular que pertenece al texto que resguarda la Biblioteca Lafragua, el Opera Medicinalia y que da cuenta de la naturaleza internacional del proyecto: una letra viajera que fue hecha en Lyon, Francia, que pasó por las provincias españolas de Navarra, Salamanca y Sevilla, y que fue traída a México por el impresor Joan Pablos, convirtiéndose en su sello particular.

De Santiago Hernández explicó que por “primeros libros” se comprende a todos aquellos textos que fueron producidos hasta 1601. De ellos, especificó, se han contabilizado hasta ahora 220 títulos, de los cuales 130 se tienen identificados.

Detalló que en el caso de Los primeros libros de las Américas. Impresos mexicanos del siglo XVI en las bibliotecas del mundo, se digitalizaron 18 documentos que pertenecen a la Biblioteca Cushing, que forma parte de la Texas A&M University, cuatro de Lafragua, 16 de la Nettie Lee Benson de la Universidad de Texas y Austin, 11 de la Palafoxiana, un ejemplar de la Franciscana y seis provenientes de la Biblioteca Histórica “Marqués de Valdesilla”, de la Universidad Complutense de Madrid.

El funcionario universitario señaló que la Biblioteca Cervantina del Tecnológico de Monterrey posee la colección de 63 documentos de este tipo, lo que la convierte en el archivo más numeroso de América Latina, por lo que la invitó a sumarse al proyecto.

Además de la Cervantina, se tiene el registro de que la Biblioteca Nacional de México cuenta con 27 títulos, el Grupo Carso resguarda 19, la Universidad de Guadalajara, un total de 11, las bibliotecas “Francisco Javier Clavijero” y la “Francisco Kino”, de la Universidad Iberoamericana protegen siete ejemplares, cinco el Museo Nacional de Antropología e Historia, mientras que el Archivo General de la Nación, la biblioteca “José Vasconcelos” y el archivo de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo resguardan tres documentos cada uno.
“Ojala que éstas instituciones quieran incorporarse a este proyecto internacional, el primero de su tipo en América”, aseguró Manuel de Santiago.
Por su parte, John Legett, director de la Biblioteca Cushing, expresó que este es un proyecto verdaderamente mundial que continuará conforme se incluyan más libros de todo tipo y no sólo en las temáticas de lingüística, ciencia, religión y medicina.

Especialistas, académicos, estudiantes y público en general podrán consultar las primeras impresiones del Nuevo Mundo, por lo que el investigador estadounidense enfatizó que “con ello se regresa de alguna forma el patrimonio de México, el primer país en América al que llegó la imprenta, incluso antes que en otras regiones de Europa”.
Espera que el proyecto logre congregar a un número mayor de socios que estén interesados en digitalizar sus “primeros libros” y poner en la red la mayor cantidad de información que como definió, “sean una luz en el conocimiento general”.
En un par de meses, los usuarios de internet que consulten la página www.primeroslibros.org, podrán descargar en diversos formatos la información y las imágenes de los documentos, no sólo en su computadora, sino en teléfonos celulares y iPods, un tipo de reproductor multimedia.

jueves, 5 de agosto de 2010

WikiLeaks, el sitio de internet que obtiene información clasificada como secreta y confidencial

WikiLeaks (WikiFiltraciones), es un sitio de internet que obtiene información que es clasificada como secreta y confidencial y que exhibe a gobiernos y compañías multinacionales con la finalidad de desenmascarar las villanías cometidas por políticos, gobiernos, multinacionales y fuerzas armadas en el mundo globalizado.



Afganistán: Filtraciones en línea

Anne Marie Mergier


Julian Assange creó el portal WikiLeaks a su imagen y semejanza: misterioso, subversivo, inclinado al activismo anarquista. Sin oficina fija y con apenas cinco empleados, este sitio de internet obtiene primicias periodísticas que exhiben a gobiernos y compañías multinacionales. En su más reciente golpe –la publicación de 91 mil documentos secretos del Pentágono sobre la guerra en Afganistán– logró la participación de tres importantes publicaciones: The New York Times, The Guardian y Der Spiegel. Con ello hizo más borrosa la frontera entre el mundo de los medios electrónicos “marginales” y el de “la gran prensa establecida”.

PARÍS, 4 de agosto (Proceso).- Con el rostro casi plácido, todavía juvenil y el cabello totalmente blanco, Julian Assange parece surgir de una película de ciencia ficción.

Es misterioso y discreto. A veces radica en Suecia, otras en Kenia y, a últimas fechas, en Islandia. Se dice permanentemente perseguido y hostigado. Los pocos periodistas que se le han acercado lo describen como un tanto paranoico y muy mesiánico.

En realidad, este extraño personaje es la encarnación perfecta de la contracultura libertaria que encontró en internet el medio ideal para librar su guerra contra todos los poderes establecidos del planeta.

Assange afirma tener una sola meta en la vida: desenmascarar las villanías cometidas por políticos, gobiernos, multinacionales y fuerzas armadas en el mundo globalizado. Es la razón de ser de WikiLeaks (WikiFiltraciones), el sitio en internet que Assange fundó en diciembre de 2006 y al que presenta como el “servicio de inteligencia del pueblo”. Este portal brega a favor de la abolición de todos los secretos de Estado y de las cláusulas de confidencialidad.

En sus casi cuatro años de existencia WikiLeaks ha difundido más exclusivas que The Washington Post en 30 años, según afirma el sociólogo estadunidense Clay Shirky, a quien los internautas consideran como el especialista más agudo de las nuevas tecnologías de la comunicación.

La filtración, el pasado 26 de julio, de 91 mil documentos secretos de las fuerzas armadas estadunidenses sobre la guerra de Afganistán es, de lejos, el golpe más espectacular de Assange. El impacto es más fuerte debido a que logró involucrar a The New York Times, The Guardian y Der Spiegel en esa aventura. Es la primera vez que un medio de comunicación electrónico marginal, iconoclasta y con claro corte anarquista realiza semejante proeza.

Esa colaboración es una nueva etapa en la historia del periodismo contemporáneo. Hasta hace poco los medios de comunicación “establecidos” tomaban en cuenta los escándalos revelados por WikiLeaks; los comentaban y publicaban algunos de sus documentos, pero siempre enfatizaban que pertenecían a mundos distintos.

La flamante alianza con The New York Times, The Guardian y Der Spiegel volvió más borrosa la frontera entre estos mundos, otorgó título de nobleza al muy subversivo WikiLeaks y confirmó la importancia creciente de los medios de comunicación en línea.




Ciberactivismo


Poco se sabe sobre Julian Assange. Tiene 39 años y se define como “periodista y ciberactivista”. Nació en Australia en el seno de una familia bohemia. Descubrió la informática a los 14 años y a los 16 ya era un hacker de altísimo nivel, cuya actividad favorita era inmiscuirse en el sistema electrónico ultraprotegido del Ministerio de Defensa de Estados Unidos.

Solía dejar constancia de sus visitas mediante mensajes provocadores en los archivos violados. Fue detenido por la policía de Melbourne después de haber penetrado los sistemas de una importante empresa australiana. Tuvo muchos problemas con la justicia de su país. Pagó multas muy altas, pero escapó a la cárcel y muy pronto fue reclutado por una empresa de seguridad. Acabó sus estudios universitarios y creo WikiLeaks, exclusivamente dedicado a filtraciones de documentos secretos de toda índole.

Ese portal “participativo” funciona sobre el modelo de la enciclopedia en línea Wikipedia: todos los internautas están invitados a entregarle materiales confidenciales o inéditos. Éstos sólo se publican después de ser controlados por especialistas de WikiLeaks, que cuenta con cinco empleados y cerca de mil colaboradores esparcidos en el mundo.

Assange dotó a su página web de sistemas de seguridad muy sofisticados y se vanagloria de proteger contra viento y marea el anonimato de sus informantes. El ciberactivista optó por registrar su portal en Suecia, país en el que la legislación defiende a quienes denuncian abusos. Esa precaución le permite evitar que sus materiales sean censurados. Al parecer lo registró también, pero de manera reciente, en Islandia.

Según explicaron los directivos de The New York Times, The Guardian y Der Spiegel, el fundador de WikiLeaks los contactó en junio pasado para proponerles la publicación de “los diarios secretos de la guerra de Afganistán”. Les entregó los documentos sin cobro alguno y exigió su publicación simultánea el 26 de julio. Rehusó identificar a sus fuentes, pero en varias oportunidades Assange y sus colaboradores revelaron que militares estadunidenses les hacían llegar a menudo datos valiosos.

Los tres medios de comunicación crearon de inmediato equipos de trabajo integrados por expertos, investigadores, periodistas y abogados que examinaron con lupa gran parte del material. Cada equipo trabajó por su cuenta, a su manera y eligió los documentos que más le interesaron.

En una nota de presentación de los materiales seleccionados, The New York Times precisó que informó a la Casa Blanca de su proyecto. Los altos funcionarios de Washington, a quienes el diario mostró los documentos, no negaron su autenticidad.

En cambio subrayaron que informaciones mencionadas en 15 mil de los 90 mil folios ponían en peligro la vida de soldados, oficiales, informantes y colaboradores de las fuerzas armadas estadunidenses y de la OTAN. Los tres periódicos y WikiLeaks decidieron no publicarlos. Assange precisó que su equipo estaba “limpiando” los documentos para quitar cualquier dato comprometedor y que luego los publicaría.

WikiLeaks difundió el material en bruto con una breve introducción y sin comentario alguno. Es su método de trabajo. Deja que los internautas se las arreglen solos con la información.
En cambio The New York Times, Der Spiegel y The Guardian realizaron una amplia labor de contextualización, clasificación del material y análisis de su contenido. El diario británico elaboró, inclusive, un glosario de 400 abreviaturas que permite descifrar todos esos mensajes e informes codificados.

Los tres medios coinciden: El material, que cubre un periodo de cinco años y medio –de 2004 a finales de 2009–, confirma que Afganistán se ha convertido en un auténtico pantano para las fuerzas internacionales encabezadas por Estados Unidos. Peor aún, evidencia una situación muchísimo más grave de lo que se sospechaba.



Golpes mediáticos

 
¿Cambiará el curso de esa guerra cruenta la publicación de esos documentos?


Es el sueño de Assange, quien confía en la presión que una opinión pública mejor informada puede ejercer sobre sus gobernantes. El fundador de WikiLeaks cree en la virtud de los electrochoques mediáticos y los multiplica.

A finales de 2007 publicó en línea el texto completo de un manual militar redactado por el general estadunidense Geoffrey Miller, jefe del centro de detención de Guantánamo. Estaba destinado a los soldados que servían en esa prisión. Las instrucciones detalladas y sórdidas de Miller sobre cómo ablandar física y psicológicamente a los nuevos presos, dieron la vuelta al mundo.

Lo mismo ocurrió en abril de 2008 con los manuales internos de la Iglesia de Cientología. WikiLeaks sacó a la luz pública esos auténticos tratados de manipulación mental. En vano se empeñaron los cientólogos en demandar y enjuiciar al portal.

Algunos meses más tarde, en septiembre de 2008, Assange puso la lupa en la campaña presidencial de Estados Unidos. Publicó los e-mails personales de Sarah Palin, entonces candidata a la vicepresidencia. Fue un buen golpe político: evidenció que Palin usaba sus cuentas electrónicas privadas para sus comunicaciones oficiales. La ley exige el uso exclusivo de canales oficiales, ya que ese tipo de mensajes deben ser archivados y no pueden ser destruidos.

Ese mismo mes, WikiLeaks difundió un informe confidencial sobre el eminente colapso de un banco islandés. Nadie tomó en serio esa información. Un mes después, Islandia se declaró en bancarrota.

En noviembre de 2008 le tocó el turno a Gran Bretaña. Assange y sus compañeros dieron a conocer la lista casi completa de los 11 mil militantes del British National Party, un partido político neofascista y ultrarracista. Además de sus nombres y apellidos, publicaron también sus direcciones y números de teléfono. Quedaron al descubierto personajes conocidos, periodistas, militares…

Algunas semanas más tarde otro escándalo sacudió a Gran Bretaña cuando WikiLeaks reveló las operaciones turbias de una empresa contratista de Costa de Marfil, a la que la compañía británica de transporte de petróleo Trafigura pidió “desaparecer” 400 toneladas de gasolina contaminadas por desechos tóxicos que se encontraban en un buque cisterna.

La empresa africana vertió el contenido del buque en barrios populares de la ciudad de Abidján y en zonas rurales de Costa de Marfil. Contaminó a 85 mil personas y mató a 15. Trafigura fingió no estar al tanto de la actuación de la empresa contratista, pero el diario The Guardian investigó los hechos. Presiones de alto nivel impidieron que el diario publicara el resultado de sus indagaciones. WikiLeaks se encargó de difundirlo.

En noviembre de 2009, Assange provocó otra polémica con la filtración muy controvertida de 500 mil mensajes que intercambiaron ciudadanos de Estados Unidos durante los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas. Entre esos mensajes se encontraban también muchos que distintos funcionarios de la policía de Nueva York y del FBI se enviaron entre sí.

Ese material heteróclito en el que se mezclan confidencias personales, información de los servicios secretos y mensajes técnicos dio su plena dimensión a esa tragedia, pero suscitó debates violentos acerca de la violación de la privacidad de las víctimas de los atentados y sobre la gratuidad de semejante exhibición.

El pasado mes de abril, Assange asestó otro golpe al Pentágono al difundir en línea un video titulado Collateral Murder. Ese material fue filmado el 12 de julio de 2007 desde un helicóptero de guerra Apache. Muestra cómo soldados estadunidenses ametrallan a civiles iraquíes en un barrio de Bagdad. En ese operativo perdieron la vida 12 personas, entre ellos Namir Noor Eldeen, camarógrafo de la agencia de prensa británica Reuters, y su chofer Saeed Chmag. Millones de personas vieron el video que WikiLeaks puso en YouTube.

Tres años después de los hechos, el Pentágono se vio obligado a investigar esa matanza que había enterrado por considerarla como un mero “daño colateral”. No se sabe aún si encontró a los autores de los disparos, pero en mayo pasado ordenó la detención de Bradley Manning, un joven militar estadunidense de 22 años que trabajaba en Irak como analista de información de inteligencia, y lo acusó de haber filtrado el video. Hasta donde se sabe, Manning está preso en Kuwait mientras prosiguen las investigaciones.

Assange aprovecho el éxito planetario del Collateral Murder para anunciar la publicación de materiales aún más explosivos. El 26 de julio cumplió su promesa y advirtió que le estaban llegando más documentos importantes.